Algo de lo que muchos economistas
hablan, es sobre la necesidad que tiene Venezuela en dejar de depender
netamente del petróleo. Pero los gobiernos se encuentran en una diatriba, y es
algo que se observa no sólo en Venezuela, más bien pareciera una tendencia que
muestran las mayoría de los países de América Latina (A.L.).
Las economías latinoamericanas
son primarizadas, es decir, que se encargan netamente a la extracción de
materia prima abundante en su territorio, los llamados commodities. Esa es la tendencia, que A.L. es
considerada la abastecedora de materia
prima del mundo. Las economías desarrolladas, como China, por citar
algún ejemplo, reciben esa materia prima, la manufacturan y la devuelven a
nuestro continente en forma de productos ya terminados con un altísimo valor
agregado que se refleja en el PIB del país en el cual se manufactura.
Ahora bien, ¿por qué los países
de nuestra región no hacen un gran esfuerzo en miras de la industrialización?
Resultaría muy beneficioso crear industrias que procesen la materia prima,
industrias manufactureras que generen valor agregado en la región. Pues
históricamente, A.L. ha luchado contra grandes males asociados a la pobreza y a
la distribución de la renta, por lo tanto la mayoría de los gobiernos, por no
decir todos, continúan con este hecho, tratando de solucionar estos problemas
con la transferencia de la renta, y mucho gasto social.
Los gobiernos entran en diatriba,
se enfrentan al gran dilema entre industrializar o “atacar” la pobreza, tomando
resultando como ganadora, la segunda opción. Los excedentes resultantes de la
comercialización de los commodities se concentran en resolver los innumerables
problemas sociales que parecen multiplicarse cada vez más aceleradamente.
Eso es lo que sucede en
Venezuela, lo que ha sucedido y lo que sucederá si no existe un cambio en la
mentalidad de los gobiernos y en la de los mismos ciudadanos. La figura de un
Estado Paternalista ha estado muy presente y muy arraigada en la cultura y por
tanto en la mentalidad de la mayoría de los venezolanos.
Muchos ciudadanos
piensan que la mejor manera de distribuir la renta petrolera es otorgando
transferencias directas a cada uno de nosotros, es decir, dinero contante y
sonante. Está claro que esta manera de pensar no nos ha servido de mucho, es por tanto que hay que cambiarla.
El Estado está obligado a
garantizar el bienestar de los ciudadanos, claro está, pero no dándoles dinero,
no, ese bienestar se traduce en la calidad de los servicios públicos, como
salud, educación, vialidad y otros. De igual manera, el Estado no está obligado
a darnos empleo a todos, no, está obligado a establecer condiciones laborales
que sean favorables para ambas partes. Tampoco es el Estado el responsable de
industrializar el país, no, está obligado a crear la condiciones para que este
fin se alcance.
El modelo del Estado paternalista
e interventor debe ser sustituido por un Estado promotor y árbitro, que vele
por que las reglas del juego se cumplan y las condiciones sean favorables para
todos.
Eso de capitalismo y socialismo,
en mi humilde parecer, está obsoleto, ya basta de querer adoptar recetas
económicas que resuelvan “mágicamente” nuestros problemas, es hora de que encontremos nuestro propio
modelo económico que sea favorable según las necesidades que tenemos, tomando
lo mejor de cada uno, para crear una especie de híbrido. Pero algo que debe
estar presente, más allá de las miles de soluciones que se puedan plantear, es
que debe existir la voluntad, de quienes administran el poder, de querer hacer
bien las cosas, y de querer cambiar el modelo, superponiendo los intereses de la nación sobre los intereses propios.
Roderich Alayón
Universidad Rómulo Gallegos
Estado Guárico, Venezuela
